Es mucho el significado que puede encerrar esta palabra. Y mucho más lo que nos pueden hacer comprender, si hablamos con estas personas que dedican parte de su tiempo a esa tarea.
Algunas mañanas, cuando paso por el Hospital Puerta del Mar, me encuentro con chicos y chicas pertenecientes a voluntarios de Cruz Roja, que nos piden unos minutos para que les escuchemos. Son un ejemplo de los voluntarios de base, ellos facilitan la cooperación de la comunidad. Son el puente entre los beneficiarios de estos servicios y la sociedad.
¿Pero qué mueve a estas personas a realizar esta actividad? Creo que es algo que existe entre los seres humanos, nuestra capacidad de empatía, nuestra capacidad de apreciar los sentimientos y las emociones que están sintiendo las otras personas. Y esto genera sentimientos de simpatía, comprensión y ternura.
Una gran muestra de empatía. Todo un ejemplo para nosotros:
Recuerdo la conversación que tuve hace algún tiempo con una voluntaria muy joven. ¿Su trabajo?...... guiar y acompañar a jóvenes ciegos que hacían senderismo de montaña. Pero su tarea no terminaba ahí, además les describía los paisajes y las sensaciones que experimentaba en aquellas excursiones. Se le iluminaban los ojos cuando hablaba de ello.....
Transcribo aquí un relato que he encontrado en catalán. Lo hago porque creo que refleja fielmente lo que debe sentir un voluntario en su interior. Ganador del "I Concurso de relatos de voluntariado". Su autora, Mercedes Durán-Sindreu, trabaja como voluntaria en la entidad, "Casal dels Infants".
La primera vez que cogí la mano de Imane para cruzar la calle, conecté con la importancia de este trabajo que va mucho más allá de una sonrisa: una sensación indescriptible que me dio la fuerza para colaborar y comprometerme hasta el final. Salir de mis sensaciones para ocuparme de las suyas.
Tomé conciencia de las realidades sociales, de cómo son de diferentes unas de otras, de cómo afectan en el desarrollo de la personalidad de un niño o de un familiar, pero sin embargo, algo único se mantiene intacto y se ve como de iguales somos todos, en el fondo, en nuestro interior: queremos reír, pasarlo bien, crecer, amar, aprender, sobresalir de las situaciones.... todos igual, como tú y como yo.
Trato con muchos niños y cada uno tiene sus particularidades. Cuesta meterse en su lugar cuando nunca has vivido las experiencias que ellos sí han vivido, y te planteas... ¿Quién soy yo para mandar enviar A o B?. Aprendes a respetar, y de tu respeto, ellos aprenden. Crecen como personas. Y ser partícipe de esto es mágico.
Es por todo ello que, como voluntaria, me educo educando: aprendo de lo que enseño, lo que nos guía la Fundación que es la educación, así como del día a día con ellos.
Tienes que dejar el egocentrismo de lado, olvidarte de ti para poder estar al máximo, y más, por el otro. Tienes que estar predispuesto a recibir "chascos", pero también recibirás alegrías incalculables. Olvídate de cómo crees que deberían ser las cosas, para abrirte a ver como son: toma la mano de la niña para ayudarla a cruzar la calle. Para ella, un adulto que la ayuda, para el futuro, una infancia con acompañamiento, cariño y apoyo social.
¡Vale la pena!
Mercedes Durán-Sindreu : "Mi experiencia como voluntaria no es más especial que la de ninguna otra persona. Lo que sí es especial son los niños".
"El doble timbrazo", es un relato que quedó entre los finalistas. ¡Vale la pena leerlo!
Tal vez nunca te paguen tan poco
Pero será el mejor trabajo
Por el que nunca te pagaron"


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